Entheos

Un instante 3 miradas 3 generaciones

montaje portada de un instante, 3 miradas

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PROPONEMOS INSTANTES,

BUSCAMOS TU HISTORIA,

CONECTAMOS GENERACIONES

En Entheos creemos que cada generación tiene una o varias historias que contar

 

 

En función de nuestra edad y en el punto en que nos encontremos, nuestra mirada, nuestra percepción, nuestras emociones, nuestras historias, se van transformando.

 

¡PARTICIPA y descubre la profundidad y la belleza que tienen distintas percepciones de instantes de la vida, a cualquier edad!

¿Preparado para comenzar?

No importa la edad que tengas, seguro que tienes muchas cosas que contar. Ahora puedes enviarnos tus historias y verlas publicadas.

 

INSTRUCCIONES PARA EMPEZAR A DISFRUTAR:imagen cafe un instante

  • Buscar un lugar agradable y postura confortable
  • Leer pausadamente, sin prisa, el relato “LA ESCALERA DE LA VIDA”, un ejemplo escrito por personas de 18, 50 y 100 años. Los 3 relatos se basan en una fotografía, que ha sido su inspiración para contar una historia.
  • Relajarse y dejar que esas historias te inspiren, para narrar después la tuya, basada en una nueva fotografía
  • Contacta con nosotros:
    • Pincha aquí y rellena nuestro formulario de contacto, e indícanos nombre, apellidos, edad, un mail y teléfono de contacto. Puedes escribir aquí tu relato y enviarlo directamente, si lo deseas.
    • También lo puedes hacer enviando un mail a info@entheos.es o bien
    • Si escribes a mano, por correo ordinario, a nuestra oficina en: c/ Oquendo 23, escalera 2, 1ª planta. CP: 28006. Madrid, indicando en el sobre:  Un instante, 3 miradas.
  • Desde este momento eres un nuevo escritor. Nosotros te enviaremos cada 15 días una foto, que te servirá para crear tu historia y que llevará el punto de vista de tu generación.
  • ¡Y a escribir se ha dicho! Esperamos tu relato corto de 450 palabras como máximo (aproximadamente un folio por una sola cara). Un comité de expertos, que te presentaremos en breve, seleccionará tres relatos cada quincena, que serán publicados aquí, en nuestra web, y en un libro, titulado: “Un instante, tres miradas, tres generaciones”.

Pero… no todo acaba ahí…

Además de ser nuestro escritor de relatos, recibirás invitaciones para participar, si lo deseas, en los eventos y actividades que organizaremos tras la publicación del libro. Así podrás conocer a otros autores, otros relatos, otras miradas… ¡Y disfrutar de tu merecida fama!

 

montaje de fotos familia

¿Te ha gustado la idea? 

¿SÍ? ¿Y qué te parecería hacer de esto un “proyecto” en familia?

¡Invítales a participar también! Padres, hijos, nietos, tíos, sobrinos, primos, hermanos, … ¡tus relatos y los de toda tu familia son más que bienvenidos! ¡Todos! ¡Ayúdanos a conectar generaciones!

Y aún una cosa más: 

¿Tienes una fotografía que pertenece a tus abuelos y que te gustaría compartir? ¿Eres fotógrafo profesional o aficionado y te gustaría ceder una de tus fotografías? ¿Has vuelto a ver por casa una foto que te encanta y quieres “inspirar historias”? Envíanos tus fotografías, serán nuestra inspiración. Publicaremos y enviaremos las elegidas por el Comité y podrás disfrutar de muchos relatos basados en ellas.

¡Estamos deseando comenzar!

¿Tú también?

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Pueeees …. Preparados, listos, … ¡YA!

¡¡Comienza a leer y PARTICIPA!!

A continuación las 3 historias  y la fotografía que empezarán a inspirar la tuya:

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LA ESCALERA DE LA VIDA, de Cristina Sirvent. 18 años

Aquí estoy con 17 años, al borde de la mayoría de edad. Aún en los primeros escalones de la escalera de la vida. Miro a la ventana que me espera en el próximo rellano, la de los 18. Tras ella, aunque aún me quedan varias zancadas para poder verla con claridad, puedo vislumbrar mucha luz, el ambiente es fresco, una agradable brisa me llega desde esa ventana, que me alivia y me libra del calor que sentía debido a subir tantos escalones.

Veo copas de árboles llenos de vida con colores verdes vivos, mojados por la lluvia, la lluvia que les hace estar así de sanos. Son lo suficientemente altos como para que yo les vea desde donde me encuentro, por lo que ya llevarán muchos años creciendo, habrán visto a miles de personas pasar cerca de sus troncos, algunos habrán sido maltratados por temporales o sequías, pero al fin y al cabo ahí están. Altos y hermosos.

El cielo está lleno de nubes, ocultando al sol que se siente inseguro, que no sabe si salir o quedarse oculto. Él quiere mostrarse, pero prefiere ofrecer luz y calor desde detrás del vapor de las nubes, ofreciendo todo lo bueno que puede dar, sin acaparar todo el firmamento.

De repente, el cielo se llena de relámpagos, y la lluvia aprieta. El Sol se despide y da paso a la Luna, su compañera nocturna. Ella velará por cuidar la calma y sin ningún reparo se muestra entre las nubes, compartiendo su luminosidad con los rayos eléctricos.

Mientras en los árboles, que están siendo azorados por el viento de la tormenta, se cobija un pajarito que se acurruca en su nido. Este, que fue construido con agujas de pino, muy ligeras para aguantar el vendaval, se destruye. Por lo que el pajarillo no puede permanecer a salvo por sus propios medios lo que le obliga a emigrar de su hogar destruido. Pero encuentra un lugar en un árbol cercano, un hueco en el tronco, que le ofrece calma y un lugar menos húmedo donde pasar la noche. El pajarito se siente a salvo y como en su hogar, siente que ese sitio le ofrece bienestar y seguridad, tanto o más que su propia casa.

Amanece, me doy cuenta de que desde ayer sigo en el mismo que escalón. Que se me olvidó seguir avanzando mientras intentaba observar todo lo que podría ver cuando llegara al rellano de la mayoría de edad. Esto no me ocurría cuando llegué al rellano de los 12 años, cuando llegué fue cuando me di cuenta de que existía tal cosa. Recuerdo que me quedé allí una buena temporada. Por entonces los árboles no eran tan altos, pero eso sí, eran verdes, muy verdes. Tampoco había lluvia y el sol brillaba sin ningún reparo, las nubes aparecían ocasionalmente y no molestaban a la Luna que brillaba junto a las estrellas. No había pájaros, puesto que los árboles no podían soportar su peso. El clima era fresco y seco y de cuando en cuando sí que tenía la suerte de ver relámpagos que llenaban el cielo nocturno de luces.

Pero entonces cuando me vi preparada decidí seguir subiendo en la escalera de la vida, encontrando regalos e infortunios a cada escalón, repartidos en mayor o menor medida. Metiendo en mi mochila los regalos y tirando hacia abajo los infortunios, superándolos. Aunque algunos se me pegaran a la suela del zapato más tiempo que otros y me hicieran más difícil continuar.

De los rellanos anteriores, no recuerdo cuántos hubo, pero siento felicidad cuando pienso en mis primeros escalones, todos llenos de regalos y me siento agradecida a quién los puso allí. Pero ahora, a estas alturas no solo recibo regalos de esas personas, sino de muchas otras, que son agradables de recibir. También los infortunios son diferentes, provocados por otras causas pero tengo las mismas ganas de superarlos que entonces.

Seguiré subiendo zancada a zancada, para poder pasar por todos los rellanos posibles y recibir todos esos regalos que me esperan en cada escalón.

 

LA ESCALERA DE LA VIDA, de Currer Bell, 50 años

Llueve … ha llovido tanto … pero finalmente la lluvia ha dado paso a un sol tímido, que de momento tiñe la mañana de una luz amarilla muy suave, pálida, como si un pañuelo de seda de esa tonalidad transparente estuviera deslizándose por el día.

Y esta es la luz exacta que veo y me baña por completo en este escalón de la escalera de mi vida en el que me encuentro ahora. Este escalón, este momento vital, tienen esta luz. Amable, acariciadora, cálida, como blandita. Me acoge, me prepara, para que no me deslumbre luego la plena luz del sol.

Desde aquí puedo mirar los escalones que ya subí. Son bastantes, muchos, ya. Desde la perspectiva que me da la posición de hoy, veo a lo lejos los escalones de mi infancia, de mi adolescencia, juventud, madurez … ¿Y qué veo? Distintas luces, distintos tonos, infinidad de matices, a veces oscuros, muy oscuros, a veces grises, otras veces muy brillantes y luminosos, esplendorosos, pletóricos y palpitantes de vida, como la luz de verano en Creta.

Veo risa frecuente, en ocasiones veo hasta saltar lágrimas de tanto reír, otras veces veo lágrimas que liberan mucho dolor, veo sonrisas, veo miradas cómplices, caricias, miedos, riesgos, saltos, éxitos, fracasos, dudas, decisiones, esfuerzo, descanso, amor, pasión, desamor, duelo, ir, venir, avanzar, retroceder  …

Veo caras amadas, algunas ya sólo puedo verlas en los escalones que dejé atrás, ya agotaron su propia escalera y no pueden acompañarme hasta que culmine la mía, o simplemente su escalera se bifurcó y ya no avanzamos en paralelo. Y así es. Y está bien. Otras por fortuna siguen su avance aún a mi lado. ¡Tengo suerte! ¡Cuántos escalones subidos en paralelo, o incluso saltando a una escalera común a ratos! ¡Qué belleza! ¡Cuántas escaleras y cuántas personas preciosas!

Veo también paisajes. Mar, el mar, la mar, sol y sal, espuma, olas, azules, verdes, grises, arena, piedras. El campo, la tierra, el río, cepas, uvas, escarcha, rocío, cerezos, cereal, amapolas, desván, ciruelas, manzanas, sarmientos, lumbre, hogazas de pan, miel, libros, amor. El mar, Mediterráneo. El río, Duero. Mi madre. Mi padre. Mi mirada, de amor, reconocimiento y gratitud. Mi herencia, dos frases: “Haz el bien y no mires a quién” y “Lo que no quieras para ti no lo quieras para nadie”. Espero llegar a estar a la altura.

Y países, ciudades y pueblos, viajes. Viajes que me abrieron los ojos de puro asombro, fascinación y curiosidad por el mundo y su gente. Viajes que siguen conmigo, en forma de colores, olores, palabras, situaciones, emociones, personas, afectos, pasiones … y pequeñas y grandes comprensiones. Y otros mares, otros ríos. En más de un sentido.

Curiosidad infatigable. Curiosidad por descubrir, curiosidad por ver y casi sobre todo por comprender. Qué buena compañera de viaje por la vida.

Caigo en la cuenta del tiempo que ha transcurrido contemplando los escalones pasados. ¡Cuántas cosas! Y veo que todo está integrado y que cada cosa tiene un lugar, su lugar, en mi corazón. Siento aflorar una sonrisa serena. Doy las gracias. Me dan ganas de gritarlas al viento y que este las traslade y las deposite mansamente en todos y cada uno de los escalones pasados.

Y me giro contenta hacia los siguientes, los que están por venir, por delante. Lo primero que veo es la luz. ¡Qué luminosidad! En realidad, es lo primero y lo único que veo, no sé lo que hay, no puedo verlo, no veo más que esta luz envolvente, clara, brillante, viva …

A esta altura, sólo sé que quiero seguir subiendo. Y me es más que suficiente. Sea lo que sea lo que haya más arriba, estoy lista.

Miro hacia el futuro desde la confianza de que lo mejor está aún por venir. Mejor dicho, de que todo lo que viene es lo que corresponde. Y así es. Y de nuevo, está bien. Muy bien.

LA ESCALERA DE LA VIDA, de María, 82 años

Maria-82-años-concurso-miradasPoniendo la escalera como ejemplo de la vida. Cuando eres joven quieres subir y conseguir una meta, aunque te vas a encontrar con algún impedimento, lo vas a superar.

En la adolescencia, quieres subir un escalón más y estar un poco más arriba.

En la madurez te quedas en ese escalón o bajas uno, vas conformándote con lo que has conseguido y disfrutándolo lo mejor posible.

Y ya con los años, tienes pensamientos y añoranzas de cosas y personas que te van faltando.

El final yo procuro vivir el día a día y el minuto a minuto, disfrutando del presente y viendo la vida con optimismo, procurando ayudar en lo que yo pueda. Es mi manera de pensar.

 

 

 

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